martes, 25 de abril de 2017

PERSONAS TEA: LOS PATITOS FEOS DE LA HUMANIDAD







fotograma de "El patito feo" de Walt Disney



¿Alguna vez te has sentido como si no pertenecieras a este mundo?  ¿Has intentado dar amor y sentir aprecio y lo único que te han devuelto ha sido desprecio burla e incomprensión? ¿Te han hecho sentir como si no tuvieras ningún talento y no sirvieras para nada? ¿Cómo si por esas razones merecieras ser excluido y pateado de la sociedad?

Pues déjame decirte una cosa: todo eso lo he vivido yo, al igual que gran parte de los TEA de este mundo.


Es por eso que no quiero dedicar esta entrada a hablar de realidades técnicas, ni de hacer una investigación periodística, sino contar una historia. Un cuento con un final feliz, en el que el tema de la discriminación, capacitismo e incomprensión estén presentes en cada palabra y en cada letra. Una historia de pérdida y lucha, pero al mismo tiempo, de aceptación, triunfo y grandeza. De modo que empezare a contarla, tal como empiezan todos los cuentos….



Érase una vez, en un reino muy lejano, vivía una princesa solitaria. 


nuestra querida princesita, protagonista de esta historia


Le gustaba leer a Shakespeare a los 6 años y soñar  con Egipto y sus dioses. Esa pequeña creía que los cuentos y las poesías algún día, si tenías fe ,se harían realidad.
La princesa tenía un curioso don: ver la vida con otros ojos y hacer preguntas que nadie preguntaba.

Ella soñaba con un mundo mejor, en el que la bondad y la belleza predominaban en cada esquina.

Entonces ,un buen día , conoció el cuento de El Patito Feo ...



Recuerdo la primera vez que conocí ese cuento. Ese día, vine llorando a casa de mi abuela porque los chicos de mi clase se habían metido conmigo. Entonces, mi abuela  para animarme me dijo “¿yo te he contado alguna vez el cuento de El Patito Feo? bien. Pues hubo una vez un patito, hijo de una pata, que era muy distinto al resto de los patos. Tenía el cuello largo, el pico grande y era de color gris, y todo el mundo se metía con él y decía que era feo. Pero una vez pasaron los años resultó, que aquel patito feo, no era para nada un pato, sino que se convirtió en un hermoso cisne…y lo mismo te puede ocurrir a ti. Puede que tu algún día, cuando seas mayor, te conviertas en un cisne…”

Desde que mi abuela me contó esa historia, estuve obsesionada con ella. No podía creer que una niña como yo, pudiera albergar algo tan hermoso en su interior como un cisne. Sin embargo, desde pequeña, siempre me sentí distinta al resto.


Pero desde el principio , la sociedad la destrozó y la humilló de la forma más cruel posible. Allá donde iba , era repudiada por ser diferente a pesar de ser princesa. Intento huir, pero nadie escapa de su destino.



La historia del patito feo remarca la realidad que sufrimos todas las personas TEA. Al ser una discapacidad invisible a los ojos, nos cuesta entender que pertenecemos a “otra especie”. Esta especie, está dotada de multitud de dones, y muchos de ellos (memoria infinita, hipersensibilidad, sinceridad y honestidad, lealtad, talento para las artes etc) no son visibles en un principio, y  no solo no se consideran talentos, sino defectos. Pero son esas mismas cosas, al igual que en el cuento, las que convierten al patito en un cisne. La sociedad de hoy esta tan cegada ante la diversidad y la especialidad de las personas, que en cuanto de la nada surge una persona con estas características, se la tacha de monstruo, de “feo” y se le intenta destruir, por ese odio al que es diferente.



Y pasaron los años y para la princesa cada año fue más duro y cruel que el anterior , pero al final ,la princesa creció y se transformó en una bella reina.


 
nuestra princesa ya convertida en reina


Cuántas veces hemos visto a lo largo de la historia “patitos feos” que han sido despreciados, y que luego, de mayores, han cambiado el curso de la historia y permanecido como héroes en el recuerdo de la misma. Personas como Mozart, Einstein, Hipatia, Hellen Keller, Temple Grandin… conocieron de pequeños (y en algunos casos de mayores) la crueldad del ser humano y de la vida.

No fue hasta que fueron mayores, que la gente les valoró, y fueron capaces de difundir sus dones al mundo y cambiarlo para que fuera un lugar mejor. 

Y fue en ese preciso instante en que la gente empezó a querer y a admirar a la princesa y a sus dones.







Walt Withman dijo una vez “no abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario” pero realmente ¿cualquier persona puede? ¿Todos los patitos feos de la humanidad estamos destinados a ser cisnes recordados por la historia?

La respuesta para eso, no depende de mí ni de la sociedad, sino de las capacidades de cada uno. No todos los cisnes se hacen oír, no todos consiguen un sitio en la historia, pero no por ello debemos pensar que han dejado de ser cisnes. Algunos sencillamente, no pueden soportar la perdida y la humillación constante y se resignan. Dejan que la sociedad les marque las pautas de hasta qué punto ellos son “inválidos” y cuanto pueden crecer.

El ser cisne no es un calificativo de cantidad sino de pertenencia. El pertenecer a un grupo, el estar contento y en paz con tus peculiaridades y tu vida, hacen de esta batalla una batalla ganada. La sociedad solo recuerda a los héroes de las batallas pero son aquellos pequeños soldados sin nombre, los que hicieron posible la victoria.


El trabajo de cada uno es, en definitiva, saber cuánto puede dar y ofrecer al mundo. Eso te transforma en cisne.




Y fue gracias a ellos , que decidió luchar para cambiar el mundo  y que fuera un lugar mejor en donde la belleza lo rodeara todo con su esplendor.

Fin




Y así fue como este patito feo se transformó en cisne. Cuando crecí comprendí gracias a aquellas historias, libros y cuentos de hadas, que tenía muchas cualidades y que la gente me valoraba por ellas. He podido tener pareja estable, independizarme, desarrollar mis estudios y ayudar a mucha gente como activista.
Finalmente me siento como un cisne y creo firmemente que todos podemos serlo.







No todos seremos famosos o cambiaremos la historia, pero cualquier persona podrá  desarrollarse y encontrar su talento o su elemento.








Esta entrada está dirigida mi abuela, Elisa postrada ya en las últimas fases del Alzheimer, quien, con sus cuentos e historias, me ayudó a ser quién soy hoy en día. Te quiero mucho y siempre permanecerás en mi recuerdo, abuela.





mi abuela Elisa Hernandez Cuenca y yo




























5 comentarios:

  1. Enhorabuena precioso cisne!Me encanta.
    Besos para ti y la abuela Elisa,Lourdes.

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  2. Eres la princesa guerrera más brava que conozco¡ todavía te espera lo mejor. Te abrazo¡

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  3. Me encanta la fabula, no merecias nada de lo que has sufrido. Eres una princesita de cuento de hadas o un hermoso cisne en un inmenso y bello lago

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  4. Hay mucha gente que usa el argumento de que todos no vamos a ser Einstein para esquivar el ayudar a otros, como si fuera una mision perdida.
    Lo que importa en realidad es ser feliz, eso es ser un cisne. Y nunca lo seremos si no nos aceptan ni nos aceptamos em toda nuestra diversidad.
    Gran articulo nuevamente!
    Y como bien dice sonia, eres una guerrera que admirar, Christina Warrior Princess!

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  5. Como dijo Mandela:
    Aprendí que el valor no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. Un hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que se sobrepone a él
    Enhorabuena Cristina

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